Tipos de Centros Educativos Según Gestión de las TIC

Primer día de curso (que no de clase). Realidades diferentes, situaciones diversas, expectativas cubiertas, sensaciones agradables, explosión de incapacidad, ganas de trabajo, ilusión contrastada, etc. Cualquiera de los estados de ánimo (sensaciones personales) y muchos más que podrían haber seguido esa retahila hasta el infinito han sido factibles después de aterrizar en nuestro nuevo/viejo centro.

Pero, una realidad objetiva, palpable, contrastable, medible, visualizable es el estado de las TIC en nuestro centro educativo. Pizarras digitales, negras o verdes con tizas disponibles en conserjería, proyectores, ordenadores (montados, desmontados, con Windows, con Linux… ya no hablamos de Mac ;)), conexiones decentes o indecentes, wifi, aula o aulas de informática, aulas multimedia, cassetes, videos VHS, DVDs, pantallas planas, televisiones de tubo, etc. Por tanto, esa realidad nos marcará nuestros proyectos educativos, ya que, no es lo mismo tener disponibilidad (por motivos económicos, proyectos de impulsión de las TIC desde el propio centro, inaniciones y mantenimiento del statu quo de la infraestructura, etc.) de esas tecnologías o no.

Así, a voz de pronto, se me ocurre una clasificación de esos centros en los que estaremos a lo largo del próximo curso escolar (empezado para los docentes y próximo para nuestros alumnos) en base a la gestión/disponibilidad de las TIC…

El centro superTIC, con infinitos proyectores y equipos informáticos, ordenadores personales para los alumnos, pizarras digitales a tutiplén y, curiosamente, la mayoría, con esas conexiones antediluvianas (que en cuanto se conectan dos ordenadores a internet añoramos esos maravillosos módems previos a la difusión del ADSL). Un centro ideal para montar proyectos offline y para tener almacenada esa maravillosa dotación informática (que ha llegado en infinitas cajas procedentes de El Corte Inglés o cualquier otra compañía que gestiona la Educación de este país) en sus cajas de origen y, con suerte, en algún almacén de acceso más o menos fácil. Eso sí, ese maravilloso centro lo va a vender la Consejería de turno como la excelencia educativa y de innovación (fotografías, memorándums periodísticos y demás). Un centro ideal, muy bonito y, que si las conexiones mejoraran y los docentes del mismo se implicaran (a lo cual ayudaría mucho una correcta formación de su profesorado), quizás sí que conseguiría ese objetivo de excelencia (aunque curiosamente, y lamentablemente por la cantidad de recursos despilfarrados, no acostumbra a ser así).

El centro TIC, con las necesidades cubiertas para realizar actividades online; quizás no tan bien dotado como el anterior, pero con una cantidad de recursos y proyectos de centro que hacen que los recursos se usen y se imprima una buena dinámica de centro en relación al uso de las nuevas tecnologías. Se trata de un centro con un Claustro que apuesta por las nuevas tecnologías y, lo que les falta por suministrar por parte de la Administración, lo suplen con ingenio e imaginación.

El centro casiTIC, con sus aulas de informática, algunos proyectores y con proyectos de uso de esas nuevas tecnologías en proyectos más o menos individuales. Poca necesidad de uso de esas nuevas tecnologías, pero suficientes dentro de esa mínima existencia para adecuarse a los exiguos proyectos del propio centro.

El centro antiTIC, donde no ha llegado la cacharrería institucional ni se han preocupado de gestionar los recursos propios del centro para suplir ese contratiempo. Todo lo que huela a tecnología se veta por imperativo legal, aceptando por el sometimiento a la exigencia de la Administración para que como mínimo tengan algún aula de informática con algún equipo en ella. Aulas de informática usadas fundamentalmente para distraer a los alumnos (¿les ponemos juegos para que no molesten en las horas de guardia?) y wifi inexistente (no sea que a los alumnos se les ocurra sacar su móvil y conectarse a la red del centro). Ni proyecto TIC ni ganas. Las pizarras verdes o negras y esas maravillosas tizas cuadradas… aunque se acepte ese maravilloso adaptador de tizas redondas para aquellos alérgicos a la tiza (y, como no, a las nuevas tecnologías).

Autor: Jordi  Martí.

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Niños que Leen, Mentes Brillantes

Cómo ayudar a sus hijos a sobresalir en la escuela.

“A partir del tercer grado escolar, los niños necesitan aprender unas 3000 palabras nuevas al año”.

Una de las cosas que más le gustan de la escuela a Victoria Lin es ir a la biblioteca. Apenas se encuentra allí, esta pequeña de cinco años y medio, de Montclair, Nueva Jersey, corre a buscar los libros de Theodor Seuss Geisel, “el Doctor Seuss”, su escritor favorito. Su mamá le ha leído tantas veces uno de ellos, El gato del sombrero, que se sabe de memoria algunos pasajes y ya puede leerlos sola.

También elige libros que le agrada leer y comentar con su papá, como los que cuentan historias reales sobre bomberos y los de animales marinos. Como la familia Lin tiene planes de visitar próximamente un acuario, la bibliotecaria le sugiere a Victoria que se lleve a casa un libro sobre delfines. La niña lo agrega al rimero, junto con otro que trata sobre los manatíes, los cuales le encantan.

Victoria avanza con paso firme por el camino que la llevará a convertirse en una buena lectora, habilidad que le abrirá un sinfín de posibilidades y que podría ser determinante para su futuro. Numerosas investigaciones rea­lizadas durante décadas demuestran que saber leer bien y disfrutar la lec­tura son los principales factores en el éxito escolar de un niño.

Los chicos que son buenos lecto­res también son buenos estudiantes; sacan mejores calificaciones en prue­bas de aprovechamiento en todos los grados y en todas las materias, incluso en matemáticas y ciencias. A conti­nuación le presentamos algunas estrategias que le permitirán ofrecer a sus hijos una ventaja en la escuela y un placer para toda la vida.

1.- Los buenos lectores comienzan a temprana edadLas calificaciones en lectura que un niño obtiene durante el primer grado escolar son un indi­cador confiable del éxito académico que tendrá cuando curse el bachille­rato. Esto significa que lo que ocurre en los primeros años tiene un efecto perdurable en el aprendizaje. Con ni­ños pequeños, ponga en práctica los consejos siguientes:

  • Cuanto más se le hable, se le lea y se le cante a un bebé, más amplio será su vocabulario y mayor su comprensión. Los niños pequeños son suma­mente receptivos al lenguaje.
  • Cuando los niños empiezan a an­dar son muy inquietos. Para hacer que se sienten un rato y se interesen en los libros, hay que picarles la curio­sidad. Muéstrele las ilustraciones a su hijo y hágale preguntas; por ejemplo, “¿Qué es esto?” “¿Quién es?” o “¿Qué otras cosas hay aquí?”.
  • El periodo preescolar es la etapa en que los niños comienzan a apren­der el alfabeto y a tomar conciencia de los sonidos que forman las pala­bras: una habilidad esencial para la lectura que los expertos denominan “conciencia fonémica”. Aunque Vic­toria y su mamá no la llaman así, la practican cuando se ponen a leer sus libros de rimas preferidos. Dan una palmada al pronunciar cada sílaba de una palabra (“pe-lo-ta”), o juegan a las adivinanzas diciéndose por tur­nos: “Estoy pensando en una palabra que empieza con la letra E”.
  • Los niños en edad escolar nece­sitan practicar mucho la lectura en voz alta delante de sus padres, y oír­los a ellos leer también. Para ayudar a su hijo a leer con fluidez, léale un párrafo y luego pídale que lea el si­guiente. Cuando le lea al niño, haga énfasis en la puntuación y explíquele el significado de las palabras.

2.- Los buenos lectores poseen un vo­cabulario amplio. Piense en los inter­cambios verbales que haya tenido con su hijo a lo largo del día. Si su jornada fue muy ajetreada —lo cual es común en el caso de los padres que salen a trabajar y llegan tarde a casa—, lo más probable es que se haya limitado a darle órdenes al niño con palabras simples y repetitivas. Por ejemplo: “¡Ya es hora de irnos!” o “Limpia tu cuarto”. Tan atareados estamos casi todos los días, que nos olvidamos de que los niños esperan de nosotros conversaciones sobre temas más va­riados y enriquecedores.

  • Cierto estudio mostró que cuando los maestros utilizaban un lenguaje más complejo en el salón de clase, los niños pequeños aprendían a generar ellos solos oraciones más complica­das. A partir del tercer grado escolar, los niños necesitan aprender unas 3000 palabras nuevas al año; o sea, ocho al día. Y tienen que leer o escu­char al menos cuatro veces cada pa­labra para integrarla a su léxico. Para enriquecer el vocabulario de su hijo, pruebe estas técnicas:
  • Cuéntele al niño historias sobre el pasado, el presente y el futuro. A la hora de la cena, relate anécdotas sobre su infancia o hágale preguntas a su hijo sobre alguna actividad o fes­tejo escolar que se avecine.
  • Fomente los juegos. De acuerdo con Sue Bredekamp, experta en de­sarrollo infantil, el juego es esencial para que los niños perfeccionen sus habilidades lingüísticas y expresen verbalmente sus ideas.
  • Lea con el niño libros de diver­sos temas, que ofrezcan información amena y novedosa para él: cuentos ilustrados y libros de rimas, de cien­cias y de historia. Luego conversen un largo rato sobre las lecturas.

3.- Los buenos lectores analizan, de­ducen y sintetizan. Antes de darle un libro nuevo a su hijo, siéntese con él a revisar la cubierta, recomienda la pedagoga Francie Alexander. Lean el título, examinen la ilustración y luego pregúntele al niño de qué cree que trata el libro. Los estudios indican que predecir pone en actividad un pensa­miento más profundo que mejora la comprensión. Cada seis o siete pági­nas, pida a su hijo que recuente lo que ha leído y al final pregúntele qué su­pone que ocurrirá después.

4.- Los buenos lectores visualizan las historias. Los niños que se forman imágenes mentales son más hábiles para recordar detalles y se muestran mucho más interesados en leer por placer. Anime a su hijo a fijarse, por ejemplo, en los rasgos o en el atuendo de los personajes.

5.- Los buenos lectores se identifican con lo que leen. Los comentarios que usted le haga al niño lo ayudarán a vincularse con el relato: “Esta histo­ria me recuerda la vez en que…” o “Es­te personaje se parece a…”. Su hijo no tardará en establecer asociaciones con sus propias experiencias.

Preparar a sus hijos para que se vuelvan buenos lectores es uno de los regalos más valio­sos que puede darles. Los niños que batallan con las palabras y que tienen dificultades para entender los textos disfrutan muy poco los li­bros, así que evitan leer. En un estudio realizado en Estados Unidos con niños de clase media que cursaban el quinto grado, los lectores más ávidos pasa­ron al menos 50 veces más minutos al día leyendo por placer que los niños menos hábiles para leer. Al final del año, los primeros habían leído hasta 2 millones de palabras más que los se­gundos, lo que agrandó aún más la brecha entre unos y otros en conoci­mientos y aprovechamiento.

Por supuesto, los logros académi­cos no son la única razón para alentar a los niños a leer. En sí misma, la lec­tura es una inagotable fuente de pla­cer. Como dice la experta Jennie Nash, “en los libros uno puede encontrar compañía, consejo y diversión. Es un deleite pasar horas a solas en una ha­bitación escuchando la dulce música de la palabra escrita”.

No lo dude: la lectura puede brin­dar a sus hijos un sinfín de     momen­tos mágicos, y mucho más.

Autor: Judsen Culbreth.

Resumen: Profr. Pedro Lizárraga Nájera

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El Docente como Investigador

Hoy, más que nunca, las profesionales y los profesionales de la educación juegan un papel clave en la mejora de la calidad de la educación. Los resultados de la investigación han proporcionado una mayor comprensión de las prácticas educativas y de los contextos institucionales; no obstante, vemos la necesidad de que el profesorado asuma el papel de investigador de la educación.

La imagen del profesorado investigador se considera como una herramienta de transformación de las prácticas educativas. La investigación del profesorado debe ser una empresa colaborativa. La comunidad educativa tiene el derecho a implicarse en la búsqueda de una educación de más calidad, y el deber de implicarse en dicha búsqueda.

Los docentes deben investigar su práctica profesional mediante la investigación – acción, teniendo como foco la práctica profesional del profesorado, con la finalidad de mejorar la calidad de la educación y a través de ésta transformar la sociedad.

La investigación debe realizarse en los centros educativos y para los centros educativos, teniendo sentido en el entorno de las situaciones problemáticas de las aulas. De esta forma, la investigación-acción se constituye en una excelente herramienta para mejorar la calidad institucional. Los centros educativos deben institucionalizar la cultura investigadora del profesorado. La investigación se considera una actividad que debe cristalizar en la cultura de las instituciones educativas.

Vivimos en los inicios del tercer milenio, donde los rápidos cambios sociales y tecnológicos exigen la construcción de nuevas imágenes tanto de la educación como del profesorado; imágenes que conceptualizan a este último como investigador y al alumnado como ciudadanos activos, pensantes, creativos, capaces de construir conocimiento.

Las concepciones y reflexiones que se exponen,  son imágenes que configuran el tópico del profesorado como investigador, que desde unas décadas acá se viene denominando con expresiones tales como la investigación del profesor, la investigación en el aula o el profesorado investigador.

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La Educación en Búsqueda de la Felicidad

La educación tiene que quedar libre de la influencia de intereses económicos que la consideren una mercancía y no un derecho, y de intereses políticos que traten de controlarla. Debe buscar el bien común y satisfacer las exigencias sociales y científicas que promueven la construcción de una nación equitativa. Para ser reestructurada, es importante reflexionar primero sobre cuatro temas fundamentales: el concepto de educación, los fines de la educación, lo que se debe enseñar, y el trabajo docente y su efecto en los estudiantes.

En el presente ensayo daré respuesta a cada punto con la intención de clarificar cómo cada uno de ellos debe resultar en la formación de aprendices que puedan reflexionar críticamente, que sean independientes, que disfruten del proceso educativo, que revolucionen el sistema político y social, y que promuevan la paz, la equidad y la felicidad.

Para la comprensión del presente ensayo creo necesario definir felicidad. La felicidad es un efecto de la paz que se consigue en un ambiente sin opulencias ni miseria, en el que podamos desarrollar nuestras capacidades, disfrutar del estudio, la familia, el arte, la cultura, la paz, el tiempo libre, el deporte, y la solidaridad. Incluye también respetar al derecho ajeno, a la naturaleza, a la opinión divergente, y a las diferencias individuales.

Por otra parte, la reflexión crítica es una actividad práctica relacionada a la toma de decisiones. Es un proceso de inferencia que parte de ideas previamente aceptadas, información obtenida por otras personas o por la observación, y llega a conclusiones sobre creencias o acciones (Norris, 1988).

Reflexionar críticamente implica saber cuándo se debe obedecer, discrepar o aceptar (Flores Del Rosario, 1999), siempre pensando en el bien común. El bien común no implica la pérdida de la personalidad, ya que pensar en la sociedad no significa negar al individuo. Se trata de dar mayor importancia a los intereses sociales que a los individuales, al igual que el tronco de un árbol es más importante que cualquiera de sus hojas (Bueno, 1961).

El concepto de educación.

Empezaré a dar respuesta a los temas que componen el presente credo educativo reflexionando sobre el concepto de educación. La educación es un proceso de formación del ser humano a través de influencias externas conscientes o inconscientes y que motivan en él la voluntad de desarrollo autónomo (Nassif, 1991) y la búsqueda de la felicidad.

Aquellas influencias externas que posibilitan la creación de conocimiento están en función de la interacción con el entorno y la ayuda mutua con otros individuos. Para lograr la voluntad de desarrollo autónomo, la educación deberá promover la curiosidad epistémica, la cual impulsa el deseo de nueva información y fomenta la exploración, la experimentación (Berlyne, 1954), y la reflexión crítica para la creación y validación del conocimiento y la subsiguiente aplicación de ese conocimiento para el bien común.

Existen valores que deben estar presentes en todo acto educativo: la solidaridad, el respeto y la humildad. Es necesario que la concepción individualista y materialista de la sociedad de consumo no se extienda a las aulas y que en lugar de fomentar el arribismo y el “sálvese quien pueda” nuestros estudiantes aprendan que la vida se la vive en comunidad con respeto al derecho ajeno.

Por otra parte, la soberbia no permite la aceptación del error como base del aprendizaje, ni la apertura a las ideas de otros y la evolución dialéctica del conocimiento. Para procurar el bien común y la formación de los valores mencionados en este párrafo, la educación debe ser un derecho humano de acceso obligatorio (a nivel primario y secundario) y gratuito, que nos alerte sobre las necesidades sociales a través de la problematización y reflexión crítica de la realidad, y que cree ciudadanos revolucionarios que descubran los problemas que aquejan a la humanidad y que transformen la situación (Freire, 2012) de las presentes y futuras generaciones.

Los fines de la educación.

Si individual y colectivamente queremos que la felicidad sea el propósito de nuestra existencia y debido a que de la educación depende casi toda actividad humana ya que esta dota a nuestra especie de todas las herramientas que necesita para su subsistencia y posterior desarrollo autónomo (Nassif, 1991, p. 13), la felicidad debe ser el fin único de la educación. La solidaridad, el respeto y la humildad serán siempre su objetivo. Debemos rechazar entonces, el hecho de que la educación actual sea tremendamente individualista.

Lo digo porque se fomenta la competencia de varias formas, ya sea premiando al que corre más, al que resuelve más ejercicios de matemática en menor tiempo, al que saca 10, al que habla más, al que habla menos, al que viste mejor el uniforme, etc. Adicionalmente, la educación tiene que romper la idea errónea de que alguien tiene que competir con los demás para ser exitoso en la vida, el cual es un pensamiento aceptado en la sociedad capitalista, adoradora del dinero en la que estamos.

Debido a que este tipo de competencia genera conflictos, la educación debe enseñar a los estudiantes la diversidad humana y la posibilidad de que en esa diversidad se encuentren intereses comunes por los cuales luchar cooperativamente. Esto ayudaría a reducir los prejuicios, la hostilidad y fomentaría la solidaridad y la cooperación mutua, serena, amigable, pacífica y feliz (Delors, 1996). No podemos olvidar que la educación ha estado siempre al servicio de las clases dominantes (Ponce, 1975).

Lamentablemente, aun vivimos en un mundo en donde los docentes y las escuelas forman personas que calcen en este sistema injusto que destruye las iniciativas y en donde los sueños de los jóvenes no son parte ni del presente ni del futuro. Por lo tanto, la educación tendrá como objetivo considerar la voz y las diferencias de los estudiantes y crear espacios donde puedan descubrir y desarrollar sus habilidades, disfrutar lo que hacen, y no estar limitados ni forzados a hacer algo que no desean por el hecho de subsistir. Personalmente, dudo que se encuentre la felicidad en ello.

Lo que se debe enseñar.

Los contenidos deben reflejar la realidad en la que el estudiante vive y deben estar enfocados en la identificación de problemas y presentación de varias alternativas de solución (Campanario, 2000; Ley, 2014). Todo lo que se enseña debe tener un uso práctico inmediato o al menos estar conectado con las necesidades, deseos, expectativas y conocimientos previos del estudiante (Herrera & Murry, 2011). El convertir a la educación en una herramienta para perpetuar la dominación y el sometimiento, o desarrollar una sociedad de pleno ejercicio de la solidaridad, el respeto y la humildad depende en gran medida de los contenidos.

Para hacer de ella una herramienta de dominación, los contenidos serán seleccionados por las empresas o entidades públicas que controlen la educación y tendrán el objetivo de formar a los estudiantes de acuerdo a sus intereses, clasistas, políticos, o económicos. Se aplica entonces una pedagogía engañosa con el propósito de que los estudiantes y futuros ciudadanos sean obedientes ciegos de lo que se les dice y de las reglas impuestas por el sistema y las clases sociales dominantes (Macedo, 1994).

Por otra parte, si queremos hacer que la educación sea liberadora, los maestros y alumnos deben fomentar la curiosidad epistémica y considerar que el conocimiento no es estático ni inmutable, por lo que debe cuestionarse todo lo que se enseña ya que la escuela no debe ser un espacio para reforzar ideas sino para analizarlas, cuestionarlas y reinventarlas (Freire, 2012).

Autor: David Villagómez Pacheco.

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