APRENDIENDO A DECIR NO

JADE DÍAZ PIMENTEL

Una velada en que todos los presentes estén absolutamente de acuerdo es una velada perdida.

Albert Einstein

A la hora de cuestionarnos sobre los conflictos que atraviesa nuestro mundo actual nos encontramos con un monstruo que amenaza con destruirnos sin piedad alguna. Vivimos en una sociedad donde todo está bien, donde el relativismo moral nos lleva a ver con buenos ojos aquello que antes rechazábamos con vehemencia, donde la moda imperante parece ser ir con la corriente, siguiéndole los pasos a la masa “poderosa”, aunque en el fondo despreciemos su absurdo modo de conducirse, donde el miedo a contradecir opiniones extendidas como pólvora nos lleva a convertirnos en copias malhechas de los demás, desdibujando la esencia que nos caracteriza como seres humanos únicos e irrepetibles.

Sin embargo, llega un momento de nuestro existir en el que en la mitad del camino llega la cuestionante: ¿y tú dónde estás?, ¿Qué queda de ti? ¿Qué ha sido de tu antigua y apasionada manera de defender tu opinión, sustentándola con argumentos sólidos que no daban cabida a la dubitación?

No entiendo cómo es que pretendemos ver un cambio en esta sociedad cuando todo el mundo parece conspirar “inconscientemente” para que sigan acrecentándose los mismos cánceres sociales. El cambio que queremos ver lo tenemos que ir construyendo nosotros mismos, para lo cual se precisa tomar consciencia plena de la realidad, sensibilizarse antes las diferentes problemáticas que amenazan con seguir carcomiendo las distintas sociedades y luchar desde el ámbito en el cual se desenvuelve cada individuo para cooperar con la mejora del panorama social actual.

Solamente cuando aprendamos a disentir y luchar por la defensa de nuestros ideales seremos capaces de construir el mundo que decimos anhelar, uno en el que cada persona exponga sus creencias sin miedo a ser distinto. La clave está en perder el miedo a decir que no, pues no es obligatorio estar de acuerdo con todo lo que otros plantean, aunque sí se deben defender las propias opiniones con firmeza y seguridad, actitudes que solo se consiguen a través de argumentos valiosos y coherentes.

Impregnemos nuestros actos de lo que habita en nuestro ser, no nos dejemos llevar por la corriente avasalladora de las miserables opiniones imperantes que solo se combaten con valiosos argumentos. Dejemos, de una vez por todas, la mala costumbre de seguir fomentando conductas nocivas, amparándonos en la coartada de que “eso es lo que hace todo el mundo“. Cada ser humano es único y debe marcar la diferencia modelando conductas positivas y de acuerdo a sus propias convicciones.

Pocas cosas causan más admiración que un sujeto libre de ataduras ideológicas, capaz de expresar lo que siente y lo que piensa, ajustando su discurso al contexto, a los destinatarios y a la situación; un ser humano con la suficiente valentía de no cortarle las alas a sus palabras, porque eso sería como matar su esencia y convertirse en un títere más de los que tanto abundan por ahí.

El reto es disentir cuando el momento lo amerite y defender nuestras opiniones con altura y, sobre todo, con razones válidas y certeras. Decir que no estamos de acuerdo no es un crimen, el crimen sería decir que sí, aun cuando aquella vocecita interior, que raras veces se equivoca, nos grita un NO rotundo.

Y tú… ¿te atreves a decir que no?

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