EL JUEGO Y EL APRENDIZAJE

¿Qué es jugar? Es una actividad necesaria, placentera y natural a través de la cual el niño se conoce a sí mismo y el ambiente que le rodea. Es también la forma en la que el niño da sentido al mundo. Es una actividad fundamental para el sano crecimiento y desarrollo de los niños (Stephen, 2009).

El juego tiene algunas características: hace sentir bien internamente, tiene potencial de improvisación, genera un deseo de continuidad, y aparentemente no tiene un propósito específico (Brown, 2010). Lo interesante del juego es que es una actividad motivada intrínsecamente por el individuo, además de placentera, gratificante y divertida.

Es uno de los pocos procesos de aprendizaje que no está orientado hacia el producto sino al proceso (Cromwell, 2000; Stephens, 2009). Para los niños el juego es una experiencia muy natural que no necesariamente necesita la guía de un adulto: los niños vienen predispuestos a jugar. A través del juego pierden el miedo a equivocarse, estimulan su independencia y autonomía, y tienen la oportunidad de experimentar el fracaso o el éxito sin esperar premios ni castigos (Cromwell, 200).

Entre los beneficios del juego podemos encontrar que los niños construyen    conocimiento a través de estas experiencias, y que alcanzan a comprender mejor su entorno. Además, desarrollan pensamiento crítico al tomar decisiones y adquirir roles cuando comparten el juego con otros pares.

El juego es también una excelente oportunidad para conocerse a sí mismos, tanto sus potencialidades como sus debilidades (Cromwell, 2000; Stephens, 2009; Wenner, 2009). Tiene asimismo el potencial de desarrollar el lenguaje, ya que cuando jugamos estimulamos vocabulario y frases que no necesariamente activamos en la vida diaria.

Según Cromwell, existen etapas sociales del juego. Cada una de estas etapas tiene características que van acordes al desarrollo cognitivo de los niños:

1.- Observador-participante: El niño observa mientras los otros juegan y hay momentos en que participa. Por lo general en esta etapa los tiempos de atención y la paciencia son cortos, por lo que la interacción dura poco.

2.- Solitario: El niño juega solo. Al jugar solo, el niño puede ejercitar su lenguaje interno, concentrarse, ser creativo.

3.- Juego paralelo: Los niños juegan juntos (uno al lado del otro) pero no interactúan entre sí. En momentos se observan o se dicen algo, pero cada uno juega su propio juego.

4.- Juego asociativo: Los niños juegan uno al lado del otro, comparten materiales, juegan a lo mismo, pero no juegan de forma cooperativa. Es la transición entre el juego paralelo y el juego cooperativo.

5.- Juego cooperativo: Es el juego en grupo. Representa esfuerzos por compartir, tomar turnos, negociar, representar roles.

6.- Juego con reglas: Al tener niveles más altos de desarrollo cognitivo, el niño puede comprender, negociar y seguir las reglas específicas para un juego.

También son necesarias destrezas sociales que le permitan tomar turnos, ceder, resolver conflictos. (Cromwell, 2000). Como adultos preocupados por el desarrollo de los niños, podemos pensar que la mejor forma de guiar el juego es con reglas y estructuras. Esto no siempre es positivo.

Los adultos deben respetar las iniciativas de los niños durante el juego, ofreciéndoles una variedad de juguetes, tiempo y materiales, sin tomar en cuenta percepciones de género ni cultura (Johnson, Christie, & Yawkey, 1999). En el caso de los padres hay una diferencia muy evidente en cómo tratan o incentivan el juego de sus hijos o hijas, donde algunos comportamientos estereotipados son aceptados y/o estimulados.

En el caso de los profesores, se ha visto que algunos también tienden a fomentar juegos que van más acorde a sus preferencias de género. Las aulas con profesoras mujeres están llenas de actividades tipo “la casita” o artísticas, desbalanceando actividades de bloques, pelotas o carritos (Johnson, Christie & Yawkey, 1999). El juego es un proceso natural de aprendizaje tanto para los niños como para los adultos.

Dentro del sistema educativo su potencial se encuentra subestimado. Como educadores, la inclusión de experiencias de juego a diferentes edades fomentará un interés más activo para el aprendizaje, así como también un entendimiento de nuevos conocimientos y destrezas desde otro ángulo. En la primera infancia, sobre todo, el juego es una forma importante de comunicación para los niños.

Resulta necesario, por lo tanto, proveer oportunidades para utilizar este lenguaje, procurando incluir actividades lúdicas en el currículo todo el tiempo sin importar el contenido curricular. Como adultos, podríamos intentar volver a nuestra infancia a fin de disfrutar junto con nuestros alumnos los beneficios del juego en el aprendizaje.

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